DANIELA CREAMER,
Guayaquil
Noemí Sanín, ex canciller (ministra de Asuntos Exteriores) de Colombia y precandidata a la presidencia de ese país, asiste estos días en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil a un Encuentro Internacional de Mujeres Líderes. Sanín, de 48 años, sostiene que la mujer ha logrado definitivamente su inclusión en el poder, ya que participar en la política no es hoy un derecho, sino un deber: «Todo gracias a nuestra actitud de compromiso, espíritu de servicio y el acceso a la educación. En los años sesenta fuimos victimistas; en los setenta y ochenta lo superamos convirtiéndonos en agresivas: nosotras para nosotras, era el lema. En los noventa, nuestra posición es incluyente, intentamos llevar a la esfera de lo político los valores propios de nuestro género. Y no es que ésta sea una batalla entre sexos, eso está pasado de moda. La importancia de nuestra intervención es invocar la responsabilidad, el deber y el imperativo de lograr una sociedad justa y equilibrada. La mujer debe asumir sus obligaciones públicas, y el hombre, los roles que le han sido ajenos por mucho tiempo frente a su hogar».
Según Sanín, Colombia, como muchos otros países, necesita a una mujer en la conducción de su destino porque una presidenta simboliza, ante todo, unión y posee un mayor sentido de equidad. «He pedido a mi pueblo que no haya discriminación conmigo por el hecho de ser mujer, aun cuando reconozco la existencia de algunos y estereotipos. La mujer tiene que demostrar continuamente que es capaz, mientras que la capacidad en el hombre se presume. En el caso de ser elegida, haría valer la llamada meritocracia, el mérito que decide el acceso a la democracia tanto para hombres como para mujeres con gran capacidad de liderazgo, que en Colombia abundan». Y agrega sonriendo: «Mi amigo Gabo (el escritor Gabriel García Márquez) dice en uno de sus ensayos que la única idea nueva para salvar el mundo es que las mujeres asuman su dirección».
Frente a la posición de las líderes latinoamericanas y las europeas, Sanín afirma: «La mujer en este continente está más evolucionada. Y Colombia está llevando un liderazgo clarísimo en la inserción de la mujer en la política. A pesar de que en Europa, los países nórdicos, Irlanda e Inglaterra han contado con mujeres como jefes de Estado o de Gobierno, se ha tratado de hechos aislados, casos de excepción debido a tradiciones y parentescos. Aquí nos lo ganamos. Lo fantástico respecto a América Latina es que se trata de un hecho masivo. No somos una, sino muchísimas, con estas ambiciones».
Desprestigio de Colombia
Un ejemplo elocuente de ello es la propia Noemí Sanín, con una larga trayectoria, profesional y política, que incluye desde la presidencia de una institución financiera hasta el Ministerio de Asuntos Exteriores de Colombia. Esta carismática líder es una de las principales aspirantes a la presidencia de su país.
Una de sus mayores preocupaciones es el desprestigio de Colombia: «El mundo no puede seguir culpando a un pueblo entero por el narcotráfico, cuando somos los que más luchamos contra ese mal, aunque seamos también los que más erramos. Pero necesitamos el apoyo de todos, en una forma más definida y decidida. Me preocupa que siendo ésta una guerra tan relevante la investigación y la política carecen de soluciones novedosas. Un profesor europeo decía que el problema del narcotráfico está en la cárcel del pensamiento. Nuestras armas hasta ahora no han sido eficaces; hay que innovar».
Para ello, Noemí Sanín, de origen conservador pero actualmente independiente, ha fundado un nuevo movimiento. «Se llama Sí, Colombia. Las personas que se unen a él no deben renunciar a su partido. Es un movimiento independiente, renovador y amplio, sin discriminaciones, que pretende irrumpir con un discurso diferente al actual para superar las dificultades de la sociedad tan polarizada, fracturada y corrupta en que vivimos. Para nuestra campaña estamos tomando las medidas necesarias para evitar problemas con fondos del narcotráfico. No recibimos dinero en efectivo y mantenemos una absoluta distancia con relación a los aportantes, ya que también son peligrosos los recursos invertidos por los grupos económicos que puedan llegar a interferir en la independencia de un gobernante. Ahora el riesgo más grande es que en vez de subsidiar las campañas, éstos subsidien la demanda y vayan directamente al elector, generalmente muy pobre, y traten de comprarlo».
Sanín es defensora de todas las estrategias que, dentro del marco de la ley, contribuyan a disminuir la delincuencia: «No podemos dejar vacíos jurídicos frente al delito internacional: el terrorismo, el narcotráfico y el secuestro. La extradición es una herramienta necesaria para combatirlo. Para ello cuento con recuperar la relación de confianza y de credibilidad recíproca que hay con EE UU».
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