Revista Electrónica Bilingüe       Nº 12     Febrero 1997

Colombia y Venezuela: relaciones tensas
Carlos Ball*

MIAMI (AIPE).- Cuando los gobernantes quieren distraer la atención ciudadana del desastre producido por su mala administración y peores leyes, la salida perfecta es la promoción de un falso patriotismo nacionalista y querellas con el país vecino. Envolverse en la bandera nacional y despotricar contra el vecino goza de larga tradición histórica en América Latina y dice mucho del fraudulento actuar de nuestros políticos, a quienes les importan mucho más las encuestas de popularidad que el bienestar de la nación.

Por lo menos durante la última generación, ni venezolanos ni colombianos habíamos sufrido de peores gobiernos que los actuales en ambos países. El presidente Caldera llegó al poder gracias a su posición ambivalente respecto a los golpes militares, aliándose con la extrema izquierda y prometiendo hacer retroceder el reloj a los años 70. Veintiséis meses más tarde, la miseria y la explosión de la corrupción causada por controles de precio y de cambios lo obligaron a postrarse ante el Fondo Monetario Internacional y hacer mucho de lo que le había criticado acerbamente a Carlos Andrés Pérez. Pero ha sido, igual que en ocasiones anteriores, el aumento del precio del petróleo lo que ha enderezado algo las finanzas públicas venezolanas y no el supuesto "neoliberalismo" del FMI. Mientras los ministros venezolanos se llenan la boca con estadísticas macroeconómicas, el pueblo pasa hambre y la clase media ha virtualmente desaparecido. Como ya el FMI oficialmente dejó de ser Satanás y no se puede seguir culpando a los empresarios ni a los banqueros por la inflación galopante y la destrucción del bolívar, hay que buscar otro chivo expiatorio.

En Colombia tenemos la no menos triste situación del hijo de una prominente y honorable familia ensuciando su apellido al recibir dinero de los narcotraficantes para ganar unas elecciones. Desde entonces, el principal objetivo del presidente Samper ha sido mantenerse en el poder, cueste lo que le cueste a su país. La utilización del presupuesto nacional para comprar apoyo en el Congreso es de las medidas políticas más despreciables, pero además le queda tiempo para echarle leña a la hoguera de las deterioradas relaciones con Venezuela.

Venezuela durante el "boom" petrolero de los años 70 trataba de evitar la inmigración de colombianos que aspiraban a ganarse una vida mejor con el sudor de su frente. Con frecuencia se oían los mismos argumentos que hoy se escuchan en Estados Unidos contra la inmigración mexicana: "la soberanía peligra", "vienen a vivir de la caridad pública", "rebozan nuestras escuelas y hospitales"… Todo ello, claro está, estimulado por políticos que quieren sacarle punta electoral a malignos sentimientos xenófobos, sin importarles el daño que hacen a gente humilde que aspira una vida mejor para sus hijos. Hoy los venezolanos encuentran en la puerta del consulado de Estados Unidos las mismas dificultades que durante años les impusimos a nuestros vecinos colombianos.

Es inconcebible que colombianos y venezolanos le hagamos el juego a los políticos y no nos demos cuenta que están empeñados en fomentar la mala sangre entre nuestros pueblos sólo por conveniencia momentánea, personal y para distraer la atención de los verdaderos problemas que afectan a ambos países.

La frontera es una línea artificial que ha sido usada para separar a los pueblos, cobrar impuestos y dificultar las relaciones comerciales, culturales y sociales entre vecinos. Un venezolano de San Cristóbal tiene mucho más en común con un colombiano de Cúcuta que con cualquier político pontificando desde Caracas. Los venezolanos están molestos porque los carros que se roban en Caracas aparecen en Bogotá. Pero, ¿por qué no nos molestamos más bien por la ineficiencia y corrupción de nuestra propia policía? Un gobierno que no sirve para proteger la vida y la propiedad de los ciudadanos no tiene razón de ser.

Y lo que más me asombra es que a muchos de mis colegas periodistas les encanta hacerles el juego a los políticos, repitiendo sin escudriñar los ruidos y palabras huecas de los gobernantes y de sus bien financiados ministerios de propaganda.


* Periodista venezolano, director de la agencia de prensa AIPE.
e-mail: Ball.AIPE@worldnet.att.net


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