El País Digital
Miércoles 
22 noviembre 
2000 - Nº 1664
 
ESPAÑA
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Los terroristas que asesinaron a Ernest Lluch hicieron estallar el coche que utilizaron para huir 

El cadáver del ex ministro de Sanidad estuvo dos horas sin ser descubierto en el garaje de su casa 

PERE RÍOS, Barcelona 
Ernest Lluch, ex ministro socialista de Sanidad durante la primera legislatura del PSOE, fue asesinado ayer de dos tiros en la cabeza cuando acababa de aparcar su vehículo en el estacionamiento del edificio en el que residía. El atentado se produjo pocos minutos antes de las diez de la noche, a unos 50 metros de un descampado en el que a las 21.55 estalló un coche bomba. El cuerpo del dirigente socialista, de 63 años, separado y con tres hijas, no fue encontrado hasta bastante después de que la policía acordonara la zona donde se produjo la explosión del coche, en la carretera de Collblanc, en el límite entre Barcelona y L'Hospitalet. El atentado causó una profunda conmoción entre los dirigentes políticos catalanes que, en bloque, se desplazaron al lugar del atentado. 
 
Miembros de la policía inspeccionan
el lugar donde estalló el coche bomba
en el que huyeron los terroristas (Efe).
El asesinato de Ernest Lluch se produjo cuando acababa de dejar su coche en el aparcamiento comunitario del edificio en el que vivía, en la avenida de Chile número 36, muy cerca del hotel Juan Carlos I y de las instalaciones del FC Barcelona. Lluch recibió dos disparos en la cabeza. Uno de ellos penetró por la barbilla y le atravesó el cráneo, por lo que murió en el acto. El cuerpo quedó tendido en el suelo entre dos coches y no fue descubierto hasta las 23.30 horas, cuando un vecino pasó justo por ese lugar.

Después de su etapa al frente del Ministerio de Sanidad, cuyo principal legado fue la Ley General de Sanidad en la que se extendió el derecho a la asistencia sanitaria a todos los españoles, Ernest Lluch fue nombrado rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que fue sometida durante su mandato a un intenso proceso descentralizador. 

Al dejar este cargo, Lluch regresó a Barcelona. Ejercía como catedrático de Historia Económica en la Universidad de Barcelona y era un destacado articulista que colaboraba con distintos medios de comunicación y participaba en debates políticos. Con frecuencia se refería al terrorismo y a la situación en el País Vasco, y había sostenido con insistencia la necesidad de superar la situación de frentismo político en Euskadi. "No cejaré hasta que el nacionalismo vasco democrático entre a formar parte del bloque constitucional", decía en uno de sus últimos artículos en La Vanguardia, el pasado 19 de octubre. También colaboraba en Cinco Días, EL PAÍS, edición de Valencia, y la cadena SER.
 
 

Recientemente había realizado una investigación para rebatir la extendida idea, apoyada por el entorno de ETA, de que el primer atentado de la banda terrorista había sido contra un miembro de la denostada Brigada Político Social del franquismo llamado Melitón Manzanas. Lluch había realizado una investigación, publicada parcialmente, en la que demostraba que "el primer muerto de ETA fue un bebé en una fecha tan temprana como el 28 de junio de 1960". El bebé se llamaba María Begoña Urroz Ibarrola.
 
 

Homenaje a Companys
 
 

Una de las últimas actividades públicas de Ernest Lluch relacionadas con el País Vasco fue su participación en el comité que organizó en Irún un homenaje al presidente de la Generalitat republicana Lluís Companys, fusilado tras un consejo de guerra sumarísimo en 1940, con motivo del 60º aniversario de su entrega a la policía franquista por parte de la Gestapo.
 
 

La organización de este acto levantó polémica por la participación en el comité de dos representantes de Euskal Herritarrok. Lluch participaba en este comité a título personal, lo que da muestra de la estrecha vinculación que el político socialista tenía con el País Vasco y sus intelectuales.
 
 

Al lugar del atentado se desplazaron anoche las principales autoridades de Cataluña, encabezadas por el presidente de la Generalitat, Jordi Pujol. El estupor era el sentimiento dominante. Joan Reventós, presidente honorario del Partit dels Socialistes de Catalunya, manifestó minutos después de conocer la noticia, visiblemente afectado: "Era como un hermano para mí. Una bellísima persona. Yo fui a buscarlo a la Universidad de Valencia y le convencí para que se presentara en las primeras elecciones de la democracia al Congreso como diputado por Barcelona".
 
 

La noticia cayó ayer sobre Barcelona como un mazazo, no sólo por la personalidad de la víctima, muy conocida en Cataluña, sino también por la forma en que se supo. Todas las autoridades gubernativas y el alcalde de la ciudad se encontraban junto al lugar donde se había producido la explosión del coche bomba. De repente, todos salieron corriendo y se esparció el rumor de que se había producido un atentado muy cerca de allí, en la avenida de Chile, que podía haber muerto un político, y que en esa zona vivía Ernest Lluch.
 
 

El aparcamiento donde fue hallado el cuerpo del dirigente socialista se encontraba apenas a 50 metros del lugar donde explotó el coche bomba. Una fuerte conmoción se apoderó inmediatamente de los allí reunidos, periodistas y políticos, al confirmarse que, efectivamente, el dirigente socialista había sido asesinado.
 
 

El coche utilizado en la fuga que luego fue hecho estallar por los propios terroristas era un Ford Escort de color blanco que tenía la matrícula doblada, es decir, copiada de otro vehículo de igual marca y color, que poco después fue localizado en Manresa.
 
 

El coche estaba aparcado en un descampado, en una zona de nueva urbanización situada cerca del hotel Juan Carlos I, junto a la Diagonal. En un principio se consideró la hipótesis de que el coche estuviera preparado para cometer un atentado en otro lugar y otro momento, y que hubiera estallado accidentalmente. Se daba la circunstancia de que a unos 200 metros del lugar de la explosión tiene su residencia el presidente del Partido Popular en Cataluña, Alberto Fernández Díaz. Se creyó que el coche pudiera estar preparado para atentar contra él, que acudió inmediatamente al lugar de la explosión. Pero el atentado ya se había producido.
 
 

El coche quedó hecho un amasijo de hierros y el capó fue lanzado por la fuerza de la explosión a más de 50 metros. Por suerte, en ese momento no pasaba por esa vía ningún coche porque el semáforo que regula el tránsito unos metros antes estaba en rojo. Una chica que transitaba por una calle cercana tuvo que ser atendida en un centro sanitario a causa de un ataque de nervios.

 La explosión fue tan potente que hizo temblar los edificios de un amplio sector, entre ellos el hospital de la Cruz Roja de L'Hospitalet, donde algunos enfermos, alarmados, salieron a los pasillos. La deflagración fue seguida de un incendio con llamas de más de cuatro metros de altura y una intensa humareda, visible desde gran parte de la ciudad.
 
 

Al lugar de la explosión acudieron inmediatamente numerosos efectivos policiales y de la Guardia Urbana, pero no se acercaron al coche que había estallado. Los responsables policiales establecieron un amplio cordón de seguridad ante el temor de que la explosión fuera una trampa destinada precisamente a los agentes de seguridad. Ante la posibilidad de que hubiera otros coches bomba en las cercanías, se cortó el tráfico de la carretera de Collblanc, una de las principales arterias de comunicación de Barcelona con el Baix Llobregat.
 
 

Incertidumbre
 
 

Una hora y media después, la zona seguía acordonada y los vecinos que regresaban a casa no podían acceder a ella. Era evidente que algo ocurría y que el suceso no parecía quedar en la explosión del coche. Las fuerzas de seguridad estaban alerta y la incertidumbre era patente en el ir y venir de las autoridades que habían acudido al lugar de la explosión: el consejero de Interior, Xavier Pomés; la delegada del Gobierno en Cataluña, Julia García Valdecasas, y el alcalde de Barcelona, Joan Clos.
 
 
 

  • De repente, el jefe superior de policía fue llamado aparte. Alguien le comunicaba algo grave, porque inmediatamente desapareció del lugar. Al poco le siguieron el resto de autoridades. Cuando se confirmó que Ernest Lluch era la víctima, numerosos compañeros del partido acudieron al lugar. Muchos no podían reprimir las lágrimas y cuando el juez levantó el cadáver, se fueron a la sede del partido. Querían pasar juntos esta noche aciaga. 
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